26 June 2020

COVID-19 y educación superior: Universidad venezolana protege a los equipos de respuesta inicial

Según las estimaciones de la UNESCO, más de 1.500 millones de estudiantes de 165 países no pueden asistir a los centros de enseñanza debido a la COVID-19. La pandemia ha obligado a la comunidad académica internacional a explorar nuevas formas de enseñar y aprender, incluida la educación a distancia y en línea. Esta situación ha resultado difícil tanto para los estudiantes como para los docentes, que tienen que enfrentarse a los problemas emocionales, físicos y económicos provocados por la enfermedad al tiempo que cumplen la parte que les corresponde para contribuir a frenar la propagación del virus. El futuro es incierto para todos, y en particular para los millones de estudiantes que tenían que graduarse este año, los cuales se van a enfrentar a un mundo con la economía paralizada por la pandemia. 

En la serie de articulos sobre la COVID-19 y la educación superior, la iniciativa Impacto Académico de las Naciones Unidas (UNAI, por sus siglas en inglés) habla con estudiantes, profesores e investigadores de diferentes partes del mundo para averiguar qué efectos ha tenido en sus vidas la COVID-19 y cómo están haciendo frente a los cambios. La serie también hace hincapié en las lecciones aprendidas y en los resultados positivos que puede tener el confinamiento mundial para la educación superior.

La Escuela de Ingeniería Industrial del campus de Guayana de la Universidad Católica Andrés Bello, una institución miembro de UNAI en Venezuela, ha puesto en marcha un proyecto para producir equipos de protección personal (EPP) para los profesionales de la salud locales. Una mezcla de empresariado social y concienciación comunitaria puso los cimientos para una solución innovadora a esta necesidad, utilizando el conocimiento y la tecnología existentes.

Un antiguo alumno de Andrés Bello, Ives Lisis, donó una impresora 3D a su alma mater el año pasado y sugirió que se utilizara para producir un modelo específico de máscara de protección facial  para el personal médico. El Dr. Antonio Martelli, un médico local, ofreció plástico PLA, el material principal que se utiliza para hacer estas máscaras y que se produce a partir de recursos renovables como la caña de azúcar y el almidón de maíz.

Se valoraron varios diseños para estas pantallas faciales, y la decisión final se basó en el diseño que necesitara menos materia prima y que, a la vez, cumpliera la normativa para estos artículos. Un equipo compuesto por administradores universitarios, profesores y estudiantes, supervisó la producción de las máscaras;  por cada kilo de PLA se pueden producir 30 unidades. Hasta la fecha, tres hospitales locales han recibido el primer lote de 30 pantallas.

Las hojas de acetato que se utilizan en su producción las donó una escuela secundaria local. Se sacaron de carpetas de acetato transparentes cuidadosamente seleccionadas, las que suelen utilizar los estudiantes cuando entregan las tareas a sus maestros. El acetato funciona como una barrera eficaz porque es impermeable y reduce la transmisión de enfermedades al reforzar las máscaras faciales que cubren tanto la nariz como la boca.

Estas pantallas faciales ofrecen una protección total, ya que también cubren la barbilla, las mejillas, los ojos y la frente. "Esto ha servido para reforzar la importancia vital del compromiso ambiental, social y sostenible de la universidad", dijo la profesora Luisa Vera, Decana de la Escuela de Ingeniería Industrial.

Munir Shmait, estudiante de último año de ingeniería industrial, señaló que "Como futuro ingeniero uno siente orgullo y satisfacción al poder ayudar a los verdaderos héroes de esta crisis: los profesionales de la salud".  Creo que es un deber de todos nosotros, incluidos los estudiantes universitarios, utilizar los amplios conocimientos que adquirimos en las aulas y en los laboratorios para transformar la realidad que nos rodea y la sociedad en su conjunto".

"Es un honor utilizar los recursos disponibles para ayudar al personal médico y ofrecerles los instrumentos necesarios para mejorar su protección y que puedan llevar a cabo su importante misión", dijo el Padre Arturo Peraza, Vicerrector de la universidad.

La labor de los estudiantes y el personal de la Universidad Católica Andrés Bello es un ejemplo de cómo las instituciones miembro de UNAI utilizan los conocimientos, la innovación y los recursos de que disponen para contribuir a la respuesta mundial ante la COVID-19.

Recursos adicionales: